viernes, 16 de abril de 2010

Requiem por un árbol

Hoy estoy un poco triste, resulta que delante de mi casa había un pino precioso, enorme, de esos con la copa redonda, llena de pájaros y un tronco gordísimo. Una preciosidad. Se había salvado milagrosamente de un incendio y de las nevadas y vientos sin apenas ninguna rama rota, y ayer, al salir de casa me encuentro con que lo estaban talando. Me quedé literalmente con la boca abierta, sin saber ni qué hacer. Por supuesto el pino no era mío, si no de un vecino, pero resulta que en nuestro municipio (no sé si en los demás también) está prohibidísimo cortar árboles, bajo pena de multa gorda.

Otro vecino me comentó que ya habían avisado a la policía local y que "venían para acá", pero cuando volví por la noche del pobre arbol no quedaba más que un impresionante montón de hojas y ramas por el suelo. No sé si al final no vinieron o si no llegaron a tiempo. Espero que al menos la multa sí se la pongan, aunque desgraciadamente eso ya no nos devolverá el árbol, que por el grosor del tronco debía tener un buen montón de años.

Y yo me pregunto, ¿para qué se compra la gente una casa en el campo si luego les molestan los árboles? ¿Por qué no se quedan tranquilamente en la ciudad y nos dejan a los demás disfrutar de la poca naturaleza que queda? Después se quejarán de la contaminación y del calentamiento del planeta. ¿Será que no tienen ni idea de para qué sirven los árboles (aparte de para mirarlos, que no es poco), o simplemente será que les importa un bledo?

En fin, que cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro, como decía el filósofo.

Hasta otro día, a ver si tengo cosas más alegres que contar.

2 comentarios:

Laia dijo...

Hola, acabo de descubrir tu blog i pienso que haces cosas muy bonitas. Las mini manoplas me han encantado, a ver si soy capaz de hacerlas.
Siento mucho lo del arbol, ya se lo que se siente, detras de micasa habia una casa con jardin con un almendro precioso que sus ramas llegaba a mi terraza, cada agosto me dejaba caer algunas almendras i estban riquísimas. Hasta que vendieron la casa la tiraron con su almendo i construyeron pisos. Snif.

Helena dijo...

Hola Laia, muchas gracias por tus palabras, siento mucho lo del almendro, a mi es que me encantan los árboles y cuando talan uno, sobre todo si es tan grande y hermoso, siento casi como si estuvieran matando a alguien. Es una pena. Me alegro de que te guste mi blog, poco a poco voy poniendo cositas, anímate con las manoplas, no son difíciles y quedan muy monas.
Un besito.

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